Todos estamos familiarizados con los problemas relacionados con el consumo excesivo de azúcar, sin embargo, es fácil sentimos ajenos a los riesgos que representa su consumo, sin siquiera saberlo, nos hemos convertido en adictos a esta hepato-toxina.
Al fijarnos más en las etiquetas de los alimentos, encontraremos azúcar refinado escondido bajo múltiples nombres, en prácticamente cualquier comestible, desde comida para bebés, yogurt, cereales, aderezos para ensaladas, hasta en las papas fritas. Incluso, las personas que dicen ser aversas a las comidas dulces están llenando su cuota de liberación de dopamina al consumir pan blanco, pastas y ARROZ, alimentos indispensables de nuestra cultura alimentaria. Estas harinas refinadas actúan en el cuerpo de la misma manera que el azúcar, así que su excesivo consumo conlleva los mismos riesgos para la salud que el azúcar.
Esto obliga preguntarnos, ¿cómo deberíamos consumir el azúcar, si es que debemos consumirla?… La respuesta contiene muchas variables. El verdadero problema del azúcar es el proceso de la caña de azúcar, o el de la REMOLACHA azucarera, su proceso de refinamiento es el mismo al que se somete el petróleo, la hoja de COCA y la semilla de AMAPOLA para obtener gasolina, cocaína y heroína, respectivamente, sustancias mucho más “puras”, pero entre más se alejan de su estado natural, son más dañinas, su efecto es más potente po su elevada concentración, resulta más fácil sufrir una sobredosis. Por ejemplo, en caso del alcohol, el efecto es el mismo, entre más destilado sea, más fuerte su efecto y más cerca el riesgo de intoxicación. El proceso de refinamiento convierte el azúcar en una sustancia que nuestro cuerpo no tiene ninguna necesidad de consumir, pues ya no contiene ningún nutriente, mineral, fibra o proteína sin embargo, la consumimos constante y excesivamente.
Ahora bien, no significa que tiremos el café con la cucharadita de azúcar que acabamos de servir, en realidad el veneno está en la dosis. Así como podemos hacer un brindis en una celebración especial y no deberíamos consumir un trago de alcohol con cada comida, podemos consumir azúcar muy de vez en cuando, no en cada comida. Si nos desintoxicarnos del azúcar vamos a disminuir el riesgo de sufrir de mal funcionamiento de la glándula suprarrenal, diabetes tipo 2, envejecimiento prematuro, acné, dolor de cabeza, enfermedades de la piel, acidez, caries dental, obesidad, cáncer de mama y de colon, desarreglos circulatorios, enfermedades coronarias, hipertensión, enfermedad hepática grasa no alcoholica, letargo, cansancio, inhabilidad de concentración, entre muchas más problemáticas. Así que, lo importante es alejarnos del azúcar y de las harinas refinadas. La mejor forma de consumir azúcar es la de las frutas enteras, ya que estas contienen AGUA, fibra y una cantidad innumerable de nutrientes, así como el pan, arroz y la pasta integrales.
Fuentes:
Libro Guía de Vida Natural y Diccionario Naturista, editados por Grupo Empresarial Naturaleza y Vida SAS.